Lunes, 17 Noviembre 2014 00:00

“No me alivió que mataran al asesino de mi papá”

 
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Gilberto Zacarías dejó dos hijos Gilberto Zacarías dejó dos hijos Foto cortesía Gilber Zacarías

Minutos antes de que lo mataran en una calle de Ciudad Bolívar en junio de este año, Gilberto Zacarías le dijo a su hijo, Gilbert, que anduviese con cuidado. Al rato, justamente, un descuido acabó con su vida: lo mataron a tiros, junto con otro hombre, por presenciar el robo de una camioneta.

Desde entonces, su primogénito y su hija menor son otros de los huérfanos de padre que, cada día se multiplican en Venezuela debido a la criminalidad. La resignación se ha convertido en su pan diario: “Hay muchas cosas que hablaba con él sobre las que, ahora, tengo que buscar respuestas yo mismo, y tengo responsabilidad mayor hacia mi familia. Pero, sobre todo, quisiera ser un padre como él lo fue”.

“Acércate más a mí porque no sabes cuándo no voy a estar aquí”, le dijo, el día que lo mataron, Gilberto José Zacarías Rojas a su hijo. Ocurrió el 9 de junio de este año en Las Beatrices, Ciudad Bolívar.

Unas horas antes de que varios balazos terminaran con su vida, entre las 9:00 y las 10:00 de la noche de ese lunes, había sostenido una conversación abierta con Gilbert Anderson, su primogénito.

Todo había cambiado desde que, cuando el joven estaba en plena adolescencia, sus padres se separaron y él tuvo que afrontar las mareas propias de la edad con ello a cuestas. Hasta que creció y lo entendió. Y pudo, finalmente, reconciliarse con su papá.


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Gilbert procura rememorar los buenos momentos con su padre

“Estaba muy chamo para entender ciertas cosas y cuando sucedió eso tan rápido, yo tomé una actitud rebelde. Fue como cuando un amigo al que quieres mucho te hace algo que te duele. Pero descubrí que me seguía importando mi papá”, reflexiona Gilbert, durante la tarde de un viernes, en la sede de Ciudad Bolívar de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), donde estudia.

El acercamiento, anhelado y necesario, ocurrió durante los últimos dos años. Ambos se vieron de nuevo como los amigos de siempre, los que compartían la afición por el básquet. Pero Gilberto, un pastor evangélico de 46 años, quería estar más cerca de su hijo: limpiar la relación de los momentos agrios para que todo fuese como antes.

“Yo pasé la tarde con él y me dijo que me acercara. Me explicó unas cosas de su religión que yo no entendía para formar esa misma amistad de siempre, y dijo que estábamos más unidos, pero que él sabía que ese no era todo el trato que uno tenía antes, Que uno nunca sabe las cosas que pasan o cuándo se iba a morir”, reconstruye, como, más adelante, trata de reconstruir el momento en el que, por primera vez, vio el cadáver de su papá.

Básquet y recuerdos
A8SECUELAS2Gilbert Anderson Zacarías Marín, nacido en abril de 1994, es el primer hijo del matrimonio de Gilberto José Zacarías Rojas y Yaritza del Carmen Marín. Viste camisa de cuadros, lleva la barba a medio poblar y un zarcillo en la oreja izquierda. A veces, y solo a veces, tiene que arrear las palabras. Se le quiere en donde estudia, a juzgar por los saludos que, por doquier, recibe. Y él, amable, los corresponde.

A esta edad, los 20 años, ha enfrentado varias pruebas que lo han echado a empujones a la plenitud de la hombría. El divorcio de sus padres fue el primero. El otro, el tema que nos atañe: el asesinato de su papá.

Lo recuerda como “el tipo de persona muy dedicado a su familia. Era un tipo de papá que se mantenía jugando conmigo. Jugaba básquet desde que yo recuerdo. De hecho, a mí me gusta mucho jugar básquet por él”.

Gilberto vivía en San Félix porque allí conducía una iglesia evangélica. Los fines de semana los pasaba en Ciudad Bolívar, donde visitaba a Gilbert y a su hermana, una niña de 12 años, hasta que regresaba los domingos en la tarde a Ciudad Guayana.

Y si era así, ¿por qué estuvo aquel lunes funesto en Ciudad Bolívar? “Él se iba el domingo, pero al carro le faltó arreglarle algo. Él dijo: ‘No, yo me voy el lunes’. El carro tenía todo fundido. Le estaba poniendo todo nuevo, lo arreglaban entre él y un amigo mecánico”, explica. Así, por ese empeño, Gilberto Zacarías definió su suerte.

Cuestión de circunstancias
Precisamente, la última vez que Gilbert lo vio vivo, su padre trabajaba en el carro. Estaba en la manzana 14 de Las Beatrices, la urbanización donde vivía su pareja y donde, también, vive su hijo.

“El lunes fue que venía de la casa de mi novia. Lo vi arreglando el carro y me acerqué. Le dije que iba a la casa porque tenía hambre, y cuando estaba en la casa me llama un amigo: que subiera a cantarle cumpleaños. Cuando iba para allá, me preguntó que para dónde iba. Le dije: ‘Voy a cantar cumpleaños’. ‘Bueno, cuidado por ahí’. Pasó como una hora, e incluso estábamos con un equipo de sonido a todo volumen y me llega un mensaje de un amigo: ‘Hermano, ¿escuchaste los tiros?’. Y yo, ‘¿qué tiros?’. En eso llega la mamá de un amigo y yo leí clarito en los labios de ella cuando dijo: ‘Mataron al papá de Gilbert”, relata.

Antes de que se lo dijeran, ya estaba corriendo hacia el lugar donde, sabía, estaba su papá. Y, en efecto, lo primero que vio fue a la multitud en torno del carro. Y a Gilberto arrodillado contra la puerta del lado derecho, ensangrentado y muerto.

El pastor no fue la única víctima aquella noche. También cayó Diego Rubén Quijada, de 22 años. Ambos estaban conversando cuando fueron tiroteados. ¿A cuenta de qué? Gilbert tiene su versión.

“En la casa de al lado de ese que mataron también, estaba una gente nueva y ahí vivía un chamo como de mi edad. Era malandro. Cuando mi papá está arreglando el carro, llegó un señor, que tiene su esposa y tiene su amante, y esa amante es hermana del malandro. El chamo, el malandro, parece que tenía problemas con el señor y le quitó la camioneta por maldad, pero en lo que el chamo va saliendo con la camioneta, como están ellos dos, y para que no digan nada, los mata. Incluso, a mi papá lo agarraron fue de espalda. La camioneta se la llevan y aparece quemada en otro sitio como a la media hora”, detalla.

Entre una y dos horas estuvo el cadáver allí, arrodillado y expuesto, hasta que se lo llevaron en una furgoneta del Cicpc. Como no había patólogos en San Félix, la autopsia se la practicaron en El Tigre. 24 horas después, lo estaban velando en Ciudad Bolívar.

“Mi mamá, cuando pasó todo, estaba en Caracas, y la esperamos para que le dijera a mi hermana. Yo soy un tipo de persona muy cerrada, y para llorar soy un poquito difícil. Lloraba cuando no había nadie a mi alrededor, pero cuando llegó mi mamá, eso fue llanto y llanto. Me sentía reprimido, solo. Ahora pienso en que, ya que él no está, debo cumplir ese papel de padre. El 8 de noviembre, mi hermana cumplió años. Le picamos una tortica ahí, y traté como de distraerla”, manifiesta.

Unos meses después del crimen, Gilbert Anderson se enteró de que al asesino de su papá lo habían matado. ¿Qué sintió? Ninguna satisfacción, ninguna tranquilidad, ningún alivio. Todo lo contrario.

Al respecto, argumenta que “con la muerte de mi papá, a uno le provoca tomar la justicia en su manos, pero eso es comprometer la vida de uno y esa gente también tiene familia y nada de eso me iba a regresar a mi papá. Ese chamo también tiene su mamá y su familia, y es un sufrimiento para esa gente. Independientemente de lo que sea, ese chamo y lo que haya hecho, nadie merece morir así. No sentí alivio porque eso no me devolvió a mi papá”.

Desde entonces, sus vidas transcurren así. Él y su hermana eluden el asunto y se centran en el día a día. Y en interiorizar que ya su papá no está. “Hay muchas cosas que hablaba con él sobre las que, ahora, tengo que buscar respuestas yo mismo, y tengo responsabilidad mayor hacia mi familia. Pero, sobre todo, quisiera ser un padre como él lo fue”, finaliza. Mientras, sigue recordando aquella última conversación: “Acércate más a mí porque no sabes cuándo no voy a estar aquí”. Su existencia, ahora, es esa dicotomía entre lo que es y lo que no pudo ser.
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Las cifras de la violencia en Guayana


592 homicidios se cometieron en Ciudad Guayana en 2013.

462 asesinatos se han registrado en Ciudad Guayana en 2014.

16 personas ultimadas en lo que va de noviembre de 2014.

49 fueron los asesinatos en noviembre de 2013.

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