Opinión

Llegamos al momento más difícil de los últimos veinte años. O avanzan ellos o avanzamos los demócratas. El tiempo está jugando un papel muy importante. A estas alturas no valen las medias tintas.
Si algo resta son los vestigios de la agonía y desaparición de la república de Venezuela. No existe más. Ocupa su espacio un “des-orden estructural” narco-terrorista y criminal deliberado (¿Estado paralelo?), que urge destruir.
Está visto que al votante le importa muy poco el asesinato del fiscal Nisman o la cantidad de muertos de la mutual Amia. Les resulta irrelevante todo lo que robó Lázaro Báez y los innumerables testaferros que se enriquecieron mientras enriquecían a la pareja Kirchner-Fernández.
El socialista venezolano serio y crítico es alguien que aún guarda sus libros en alguna repisa de su casa, pero no los revisita, y si lo hace, posiblemente sonría al leer las utopías y sueños de sus preciados autores.
Entender el cálculo del régimen fue labor imprescindible para apuntar correctamente en la ruta por el rescate del orden constitucional y el pleno ejercicio democrático que impone la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela.
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