Han sido dos décadas de penitencias encadenadas, invasión de la intimidad de nuestros hogares a través de la tiránica hegemonía comunicacional, cierre de emisoras y televisoras, persecución a dueños y periodistas de la prensa escrita, la misma que apagó sus rotativas y se vio obligada a migrar a versiones digitales.

Si Venezuela fuera libre hoy tendría en mis manos la edición aniversaria de Correo del Caroní, y una mañana placentera con la lectura de reportajes, crónicas e investigaciones varias, que el equipo editor hubiese pergeñado para celebrar otro año del Correo. La ciudad amanecía con un clima especial y las adyacencias del periódico se llenaban con la presencia de mucha gente, que se sentía convocada para un encuentro, siempre pleno de sinceridad, recuerdos, pluralidad, solidaridad y respeto. Las puertas abiertas de par de par -sin discriminación- precedían el abrazo afectuoso y cálido entre anfitriones y todo aquel que llegase a la sede de un periódico al que seguimos sintiendo nuestro.

El 27 de junio no puede ser borrado del almanaque y la puerta sigue abierta, pero ya no podemos sentir el olor a tinta mientras leemos las páginas del Correo, porque como dijo Holderlin “convirtieron el mundo en un infierno los que querían hacer el paraíso”. Después de veinte años Venezuela está en las garras de una taifa vigolera que se solaza con el dolor de un pueblo entero, hundido en una gehena, que es un lugar de castigo eterno.

Han sido dos décadas de penitencias encadenadas, invasión de la intimidad de nuestros hogares a través de la tiránica hegemonía comunicacional, cierre de emisoras y televisoras, persecución a dueños y periodistas de la prensa escrita, la misma que apagó sus rotativas y se vio obligada a migrar a versiones digitales, también objeto de presiones y acosos de toda índole. Hasta las bobinas de papel se convirtieron en instrumento de chantaje para acabar con medios impresos, que estaban sembrados en el corazón de sus lectores, y nuestro mejor ejemplo es el Correo del Caroní.

Si en Venezuela existiese libertad tendríamos todas las opciones sobre la mesa. Esto es el Correo de papel con su fulgurante amarillo en la primera plana con la cuidadosa diagramación de Eduardo Orozco, y también el portal web para hacer seguimiento de las actualizaciones de la información en tiempo real.

Vale decir, dos equipos de trabajo articulados, en pro de ofrecer un despliegue comunicacional apegado a los principios de la libertad de expresión y con el respeto al derecho ciudadano a estar bien informado. Aquí permítanme recurrir a la sabiduría de Fernando Savater cuando se refiere a la libertad de las instituciones en su libro El Valor de elegir apunta el filósofo español: “Hoy en día probablemente las mayores diferencias entre los libres de hecho y los libres sólo de nombre las establece el acceso a la información; para ser libre es preciso saber más que quienes no lo son y controlar los medios de comunicación para difundir tanto el conocimiento como las falsificaciones que ocupan a menudo su lugar”.

Si en Venezuela hubiese libertad, el portal de Correo del Caroní no habría sido hackeado de una manera tan brutal, tanto que lo mantuvo fuera de la red por un tiempo importante, justo cuando la ciudadanía estaba ávida de información contrastada y confirmada. También hay que decir que la pobreza energética, el retraso en las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y las amenazas y bloqueos a los medios digitales repercuten, negativamente, en el acceso y calidad de la información, sobre la que también planea la censura de un régimen cada vez más paranoico y represivo.

Si en Venezuela hubiese libertad, el incremento de los medios sería cónsono con el crecimiento poblacional del país. Pero han huido unos 5 millones de venezolanos en busca de comida, medicina, paz y seguridad, otro número relevante ha muerto por la violencia descontrolada y el hambre planificada, una gran cantidad han fallecido porque faltan médicos y medicinas en nuestros ruinosos hospitales donde no hay agua ni para tomar. Visto lo visto, la verdad es que cada vez hay menos medios libres en esta Venezuela desolada, porque el régimen los ha cerrado, y los permisos y concesiones son sólo para leales e incondicionales. Lo único que hay de sobra es hegemonía comunicacional, y a pesar de todo tenemos nuestro Correo del Caroní.

Agridulces

Otra vez el magnicidio aparece en la propaganda oficial. Han sido tantos que no creo que ni ellos mismos se lo tomen en serio. Eso sí, sirven para desatar toda la fuerza represiva del régimen contra aquellos a quienes han incluido en sus listas rojas de enemigos, lo que los convierte en culpables de todos los delitos que se le ocurran a Jorge Rodríguez et al.