Venezuela se estremece y se desangra a consecuencia de los embates de las fuerzas de la violencia que, con todas sus máscaras y disfraces caídos, se abaten con toda la crueldad y perversión posibles sobre la humanidad de nuestra sociedad.

Venezuela se estremece y se desangra a consecuencia de los embates de las fuerzas de la violencia que, con todas sus máscaras y disfraces caídos, se abaten con toda la crueldad y perversión posibles sobre la humanidad de nuestra sociedad. Los hacedores de la cultura de la muerte han buscado acallar por la fuerza de las armas y la censura, las voces de una sociedad que exige ser respetada en sus derechos e instituciones ya de por sí mancilladas y domesticadas, salvo el parlamento legítimamente electo.

La violencia institucionalizada por el terrorismo de Estado trata de reprimir por la fuerza brutal cualquier expresión diversa, contraria o disidente y con ella paralizar a la sociedad civil con el miedo. Así mismo, los aparatos represivos del Estado generan con sus actos la provocación de respuestas violentas en la sociedad para justificar atropellos y crímenes, burdamente sustentados con interpretaciones leguleyas y un discurso signado por la violencia verbal y el ejercicio de la mentira. Tienen veinte años aplicando planes dirigidos a demoler hasta sus cimientos la sociedad, la economía, la política, la cultura y la moral de los ciudadanos de Venezuela. Es el típico flagelo político.

Por desgracia han logrado en parte, por la vía de la violencia y la intolerancia, varios de sus diabólicos objetivos. Primero fracturaron, enfrentaron y dividieron a la familia y a la sociedad toda en amigos y enemigos del régimen, luego aplicaron perversas estrategias desmoralizadoras a fin de neutralizar a sus “enemigos” y finalmente disgregaron a la sociedad generando una diáspora que ya se cuenta en millones de ciudadanos venezolanos dispersos por el mundo. Sin contar que han manipulado inmoralmente las necesidades primarias del ser humano entre ellas la alimentación, la salud y la educación. Eso es también violencia.

Gandhi: La opresión desaparece cuando la gente deja de temer a las bayonetas

Ha llegado el tiempo de tomar conciencia y enfrentar con la fuerza de la razón los embates del mal. Los ciudadanos tienen la obligación moral de hacer frente a la violencia y resolverla con inteligencia. La pasividad como un efecto pernicioso del terrorismo de Estado, se puede convertir en una calamidad como la propia violencia. Al respecto, Einstein decía: “Es peligroso vivir en el mundo, no por causa de los que hacen el mal sino por causa de los que miran y dejan hacer”. La inteligencia potencia el razonar sobre la naturaleza de la violencia y sus efectos.

Al respecto Gandhi advierte sobre la cooperación con el mal y sus ejecutores y una de las formas de ese cooperar es dejarse dominar por el miedo, no actuar y dejar que actúe a sus anchas el mal. En consecuencia dijo: “La no cooperación con el demonio es un deber tal como la cooperación con Dios.” Martin Luther King hacía referencia a lo que llamó “violencia institucionalizada”, que se concreta en una continua violación de los derechos humanos en el seno de una sociedad.

En tal sentido, el autor Jean María Parent Jacquemin, en su libro La no-violencia activa. Una ética para hoy, editado por la Fundación Emmanuel Mounier, sostiene que la defensa de los derechos humanos empieza en el reconocimiento de una falta común, de una violación del derecho a vivir, a comer, a estudiar, a ser feliz, de la mayoría de nuestros conciudadanos. Ante esos hechos que son generadores de una diversidad de manifestaciones de violencia, plantea que “la violencia, por su parte, se legitima en la mentira.”

Durante los tiempos del régimen comunista impuesto en Checoslovaquia por la Unión Soviética y las fuerzas del Pacto de Varsovia, que aplastaron por la fuerza la Primavera de Praga, el escritor, dramaturgo y pensador Václav Havel, quien junto con otros intelectuales propició la lucha no violenta y formó parte del grupo que redactó la Carta 77, que luego aglutinó importantes sectores de la sociedad civil, como grupo de opinión, escribió: “Cuando el régimen es prisionero de sus propias mentiras, debe falsificar todo. Falsifica el pasado. Falsifica el presente y falsifica el futuro. Falsifica las estadísticas. Finge no tener un aparato policial omnipotente y sin principios. Finge respetar los derechos humanos. Finge que no persigue a nadie. Finge no temerle a nadie. Finge que no finge nada.” Era la imagen de un régimen deslegitimado, violento, mentiroso y encerrado en su propio laberinto. Si observamos los hechos con detenimiento, el caso se repite.

Frente a los efectos letales de la violencia institucionalizada, la no-violencia activa, de acuerdo a sus promotores, se convierte en la fuerza la inteligencia, de la verdad, del amor y de la justicia. En tal sentido debe vencer mediante la acción y no recurre solamente a la palabra porque va mucho más allá. Desde la filosofía de la no-violencia activa se parte de la premisa consistente en que el hombre no puede identificarse con el mal porque su voluntad está orientada hacia la consecución del bien. A partir de esa idea, explica Parent Jacquemin: “La lucha contra la injusticia lleva consigo la liberación del hombre que es la condición que garantiza el funcionamiento de una sociedad a su vez libre”.

Señala este autor que una de las claves para que este tipo de filosofía y acción se hagan realidad en una sociedad dominada por la violencia, es que sus miembros, los ciudadanos, tomen conciencia y asuman su poder como tales. Cita, en tal sentido una frase de Gandhi durante su lucha por la independencia de la India: “La opresión desaparece cuando la gente deja de temer a las bayonetas.” De esta forma, manifiesta que quien para mantener las estructuras de un sistema o un régimen no se controla y hace uso indiscriminado de la violencia, deriva de esa situación un cuadro de hechos lamentables que cobran víctimas fatales y efectos colaterales; al contrario, “quien recurre a la fuerza de la no-violencia activa sí tiene control de sus acciones y sabe regresar sobre sus intenciones para no perderlo”. La no-violencia activa aboga por la vida, no por la muerte.

La -violencia activa es una filosofía de vida y una ética que conducen a vencer el miedo, conociendo nuestra dignidad como personas humanas y en consecuencia lograr el respeto que merecemos como individuos y como sociedad. Cuando una sociedad consiente en ser vejada e irrespetada se convierte en cómplice del abuso del poder. Martin Luther King, en uno de sus escritos dejó evidenciada tal situación: “Debemos comprender que aceptar pasivamente un sistema injusto es cooperar con ese mismo sistema y, por tanto, nos convertimos en partícipes de su maldad”. Es una cuestión moral que trasciende a lo que llaman el “ajedrez” político. La impunidad es otra cara de la violencia.

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