La cúpula militar, ni en el peor momento de esta pesadilla, ha sabido lo que es el hambre, pero los que están más abajo en la cadena de mando si sufren en carne propia lo que significa no poder darle de comer a su familia.

El hambre ha provocado, últimamente, una estampida de miembros de la casta militar venezolana. Y es que el hambre es tan inclusiva que ha arropado, con su manto de privaciones, a la mayoría de los nacidos en la patria bolivariana, entre los que se encuentran, esos, a quienes se le han confiado las armas, no para que persigan y asesinen a sus compatriotas, sino para que garanticen alguna seguridad. Lejos de cumplir sus funciones constitucionales, se dejaron naricear por un militar felón y permitieron que el G2 cubano los dirigiera de acuerdo con los intereses y conveniencias del más sanguinario tirano del continente. La muerte se llevó al carcamal cubano, pero la FAN sigue amarrada, como el elefante que estaba tan acostumbrado a la cadena en su pata que no se movía a pesar de estar libre,

Por supuesto, que no todos los mamíferos del orden de los proboscidios se comportan de la misma manera, y menos los elefantes que cuentan con el cerebro más grande del reino animal. Este argumento también es válido para los cuerpos castrenses, donde la jerarquía marca la diferencia y no es lo mismo un miembro del alto mando que un sargento, un teniente coronel, un capitán ni mucho menos un elemento de la tropa. La cúpula militar, ni en el peor momento de esta pesadilla, ha sabido lo que es el hambre, pero los que están más abajo en la cadena de mando si sufren en carne propia lo que significa no poder darle de comer a su familia.

Por eso hemos visto dos comportamientos diametralmente opuestos entre la oligarquía uniformada y el resto de sus componentes. Mientras la primera se declara defensora -a ultranza- del locatario que mira flores y habla con los pajaritos, los segundos solo estaban esperando estar cerca de la frontera para huir. La razón es el hambre, que también ha obligado a millones de venezolanos a lanzarse en una riesgosa aventura en búsqueda de alimentos. Muchos, muchísimos se han ido a pie con un morral, el estómago vacío y la esperanza en el corazón como único equipaje.

Los venezolanos se han ido incorporando a la diáspora por capas. Los primeros que salieron fueron aquellos que vislumbraron el peligro, personalizado en un paracaidista fanático del dictador cubano, que solo traería destrucción, tormento y desolación, como en efecto ocurrió. Después se fueron los que le dieron el beneficio de la duda al socialismo. Estos, igualmente, pudieron negociar sus propiedades, obtener o actualizar el pasaporte y comprar un pasaje por avión. Sus familiares los despidieron como manda la honradez, esto es con alguna bebida espirituosa, pasapalos variados y hasta un bailecito con Dj. Los allegados les desearon lo mejor en el aeropuerto con la algarabía propia de nuestra venezolanidad.

Un poco más tarde, la violencia se sumó al hambre y a la falta de medicamentos, y empezó la huida por los terminales de pasajeros, de donde salían autobuses con destinos lejanos. Muchos días con sus noches para llegar a Colombia y seguir hasta Ecuador o Panamá. Brasil, Perú, Uruguay, Chile y Argentina también vieron llegar a millones de venezolanos, dispuestos a trabajar en cualquier vaina para conseguir algún emolumento, que le permitiera subsistir en el país de acogida, y enviar algo de dinero a la familia que se quedó pelando en este saqueo llamado socialismo del siglo XXI. No he sabido de nadie que se haya ido a la metrópoli cubana, pero hasta la cúpula castrense se quiere ir al imperio porque abrieron cuentas con muchos ceros a la derecha en la banca gringa. Los enmacollados -civiles y militares- tienen mansiones, lujosos apartamentos, autos de alta gama, caballos purasangre y otras inversiones a las que han accedido con lo robado en Venezuela.

Los fugitivos de los últimos días se han ido a pie. Es un contingente numeroso, en el que convergen miles de venezolanos aventados por los fuertes latigazos de la pobreza extrema, que huyen con una mano adelante y otra atrás. Primero escaparon los civiles por las trochas y luego desertaron los militares de grados inferiores. Esos mismos a quienes ese padrino -que en el mejor estilo del siciliano Vito Corleone- utiliza para ejecutar sus más violentas espurias y deleznables acciones. Todas tendentes a mantener los hilos del poder, para acrecentar una riqueza mal habida, la de su taifa local y la de los dueños de Venezuela que imponen su soberana voluntad desde Cuba.

Agridulces

El presidente Sebastián Piñera está diciéndole a Michelle Bachelet lo que sienten muchos latinoamericanos: esto es que no ha tocado ni con el pétalo de una rosa el criminal desarrollo del socialismo del siglo XXI. Dudo que lo haga, porque ella es alidada incondicional de la tiranía castrista.